Cartes a la Mort – 1

Palma de Mallorca, 4 de noviembre de 1915

Querida Muerte:

Soy Silvia y tengo 95 años. Sentada en el porche de mi casa de verano, te escribo para decirte que aún no me lleves de este mundo sin poder reencontrarme de nuevo con mi amor verdadero.

Hacia 1841, cuando yo tenía 21 años y vivía con mis padres en Inglaterra, Logan Hunsberger y yo nos conocimos en mi quinta presentación en sociedad. Él estaba en la primera hilera de mesas y me miraba como ningún chico lo había hecho antes. Logan era moreno y de ojos azulados y pertenecía a una de las familias más poderosas de Inglaterra, al igual que yo. Nuestra familias habían luchado, en el pasado, por el poder de Inglaterra y eran rivales en todos los aspectos.

Empezamos a conocernos después de aquel baile. Nos escapamos y me llevó a su escondite preferido: una biblioteca secreta de su castillo. Era el lugar más impresionante que he visto jamás. Estaba repleto de libros antiguos y estanterías inmensas. Olía a libros viejos y gastados, todos perfectamente ordenados en aquel cúmulo de estantes. A partir de aquella noche nos reunimos cada vez en la biblioteca y nos pasábamos horas hablando sobre un futuro juntos. Nos imaginábamos viviendo en América y con tres hijos: dos niñas y un niño. Aunque tú, ya sabías que aquel sueño no se cumpliría.

Nuestra relación era completamente secreta y todo el mundo la desconocía. Un día, decidí contársela a mi mejor amiga, Laura, ya que mis padres me habían elegido esposo y en un mes me tendría que casar. Cuando se lo conté, se quedó muy asombrada y me dijo que tenía de quejar esa relación o se lo contaría a mis padres. Así que imagínate, Muerte. Ni siquiera tenía a mi mejor amiga de mi parte, ¿cómo iba yo a afrontar eso?

Después de unos días de pensarlo, Logan y yo decidimos contarle nuestra relación a nuestros padres. Los suyos no lo entendieron y decidieron marcharse pronto de Inglaterra, ya que no querían que Logan me volviera a ver. Mi padre pensó lo mismo de los duques Hunsberger, pero mi madre sí me comprendió. Ella me dijo que, a pesar de que estuviera enamorada, me tenía que casar con el príncipe Nicholas, porque eso era lo correcto. Mi madre me aconsejó que ese matrimonio lo viera como un pequeño obstáculo en nuestra relación y que pensara que en algún lo volvería a ver. Y así hice. Mi matrimonio estuvo lleno de felicidad y de alegría, pero careció de amor, ya que mi corazón le correspondía a otra persona.

Cuarenta años después, tras el fallecimiento de mi esposo y  tras unos largos años de estar viuda, sigo esperando volver a ver a mi amor verdadero. Así que, Muerte, te ruego que esperes más tiempo para llevarme contigo, porque aún no estoy preparada para marchar. El destino me dice que aún tengo una segunda oportunidad.

Silvia Ferragut Riera 4t ESO