Cartes a la Mort – 2

Madrid, 3 de noviembre de 2007

Querida Muerte:

Te escribo para pedirte de todo corazón que retrases nuestro reencuentro durante unas semanas. La causa de esta petición para aplazar tu llegada es básica y fundamental para mí. Necesito ascender al cielo sin cargos de conciencia y con la buena sensación de haber cumplido como un hombre en esta vida. Por eso te ruego que tengas piedad de mí, de un pobre anciano de 95 años al que le queda una única vivencia pendiente desde la Guerra Civil Española. Si me dejas luchar por este propósito, prometo no resistirme a tu llegada y dejaré que me lleves contigo.

Fui separado de mi familia en el año 1937, ese inolvidable 3 de marzo de ese mismo año, fecha que tengo gravada dentro de mí y que parece que nunca lograré extirpar. Fue ese día cuando fui llamado a filas, para ingresar en el ejército del Partido Nacional en Madrid, con tan solo veinticinco años, ya que es ese momento se iba en busca de una plantilla joven y prometedora de soldados con futuro, con la intención de que combatieran durante el indefinido período bélico.

Me alejaron de mi familia durante el año y medio que estuve retenido en el ejército, y durante ese período estuve completamente aislado de todo tipo de informaciones referentes a mi familia y amigos. Tras un agónico año y medio de intensas emociones, conseguí escapar y regresé a mi tierra natal, Barcelona, con el objetivo de reecontrarme con mis seres más querido. El intento del reencuentro fracasó, ya que cuando volví a mi antiguo hogar, (en el que vivía con mis padres, mi abuelo y mis dos hermanas) éste había sido completamente arrasado y fusilado.

Fue tal el sentimiento de frustración, pena e impotencia, que juré reencontrarme con mi familia, aunque fuera lo último que hiciera. Pasé varios años trabajando de agricultor en las tierras de un noble, con el objetivo de recaudar dinero para ir en busca de mi familia, exiliada tras la necesidad de escapar de esos ambientes bélicos.

Poco a poco me asenté en una nueva vida. Me casé con mi ya difunta esposa, María, con la que tuve dos hijos: Andrés y Prudencio. Mis hijos son lo que más amo en esta vida, aunque no me olvido de mis hermanos y mis padres. Dejé pasar el tiempo para iniciar, en el presente, una ansiada búsqueda de mi desaparecida familia, de la cual no volví a saber nada. No tengo ningún tipo de referencia, orientación ni pista de dónde ha podido estar alijada mi familia durante todo este tiempo. Lo único de lo que soy consciente es de que tengo un deber en esta vida: el de recuperar mi familia perdida a causa de un período bélico que acabó con nuestra unión o, al menos, concienciarme de su historia.

Busqué incansablemente información de mi hermana pequeña, de 83 años, Patricia, la única de la cual pude conseguir pistas.

Mis padres habían fallecido hace décadas, al igual que mi hermana mayor; y ahora deseo saber de sus vidas.

Ahora mismo cuento con la capacidad económica necesaria para emprender esta aventura en busca de todos ellos. También cuento con muchos años, aunque estoy envuelto de una fuerza de voluntad implacable y una mentalidad más que positiva, y lo más importante, cuento con la suficiente información para encontrar a mi hermana.

Sé que mi querida e inolvidable Patricia reside actualmente en París, así que mañana mismo voy a emprender un viaje en su búsqueda. En esta hazaña me acompañarán mis dis hijos.

También soy consciente de la enfermedad que padece, Alzheimer, y espero que el deterioro que le provoque esta enfermedad no llegue a producirle el desconocimiento de mi persona. Ruego con todas mis fuerzas que se acuerde de mí y de que pueda aportarme información sobre la historia de mi familia tras la guerra, y así poder irme en paz de este mundo, el cual tan duramente me ha castigado, que tan feliz, y a la vez tan desgraciado me ha hecho.

Poe este motivo, te pido que no vengas en mi búsqueda hasta que no haya finalizado mi propósito pendiente de décadas atrás.

PD espero que respetes mi propuesta, y si lo haces, rezo porque este viaje salga exitosamente y pueda irme contigo en paz.

Un cordial saludo y gracias,

Antonio Guerrero 4t ESO